Hoy más que nunca, debemos tapar nuestros ojos al pasado y hacer frente a lo que ya no hay remedio de esquivar. Las consecuencias las tenemos encima. Se ha hablado mucho, pero nadie hace nada, los políticos lo tienen en la boca, pero no hay nada. Vivimos en un desconcierto informativo que nos inunda de datos
Ya lo he dicho en más de una ocasión. El ciudadano tiene la palabra, pero no para que ahorre y con sus carencias pueda disminuir los efectos que por otro lado es bueno, sino también para exigir, para pedir, para manifestarse, para que nuestros políticos despierten de la maquinaria politizada y se pongan de verdad a trabajar sin distinción de siglas o creencias de partido, para que se unan y actúen no para un año, dos, una década, sino para ya, para mañana.
Recientemente el representante de las Naciones Unidas lo ha dicho claramente y sin tapujos dirigiéndose a todos los políticos y jefes de gobierno: hay que actuar ya y el no hacerlo, esta cometiendo un acto criminal.
La sociedad tiene que actuar, pero ellos, los que nos dirigen también y tienen que ser los primeros, sean del signo que sean.
Tenemos que formar Comités ciudadanos contra el Cambio Climático (CCC), que surjan espontáneamente, que pidan soluciones a las administraciones, que se faciliten ideas, que se lleven a la práctica y en caso necesario, se organicen recogidas de firmas, concentraciones. La revolución ecológica tiene que salir de la propia sociedad, del pueblo, porque las multinacionales que son las que dirigen las políticas, su misión siempre será ganar más a costa del pueblo.
Ante la llegada de las fiestas navideñas, parece que el cambio climático que estaba de moda se esfuma y durante más de un mes podemos permitirnos el lujo de gastarnos el doble con millones de bombillas que lucen en las calles y comercios que sólo invitan al consumo o que siguiendo el mismo juego, nosotros ponemos en nuestros balcones. Esto no es un consumo responsable a sabiendas que tenemos encima u
Con el consumo de langostinos ocurre lo mismo. Por estas fechas se consume mucho este producto, pues la responsabilidad es no comprar langostinos que procedan de Sudamérica u otros países como África o Asia, ya que proceden de criaderos que llevan consigo la destrucción de los manglares. Los manglares son vitales para la biodiversidad, porque en ellos se crea vida que después se expande. Su destrucción equivale a contribuir con el cambio climático, a no pararlo y sin quererlo, sin saberlo, estamos contribuyendo a su incremento.
Otro ejemplo lo tenemos en el Ayuntamiento de Tres Cantos. A propuesta del Proyecto Gran Simio, el Grupo del PSOE, presento una moción en el Pleno con el objetivo de la conservación de los bosques primarios y comprometiéndose el Ayuntamiento a utilizar madera certificada en todos los mobiliarios urbanos y papel reciclado. Pues bien, fue aprobado unánimemente y NO SE HA CUM
Estos son solo varios ejemplos para demostrar lo necesario que son los Comités. El consumo responsable por parte nuestra y de los políticos es fundamental.
No podemos perder esta ultima oportunidad de reparar lo destruido que nos brinda la Tierra. Nos acercamos al abismo. Los Comités contra el Cambio Climático son nuestro salvavidas. Utilicémoslos antes de hundirse para siempre la última esperanza.
PEDRO POZAS TERRADOS (NEMO)
nautilusmar@yahoo.es